Diario WERKEN ROJO en la web

Posted by Correo Semanal on martes, enero 31, 2017


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Pudieron haber sido 44, los estudiantes desaparecidos en septiembre del 2014

Posted by Adán Salgado Andrade on domingo, enero 15, 2017


Pudieron haber sido 44, los estudiantes desaparecidos en septiembre del 2014
Por Adán Salgado Andrade

Bien afirma el vox populi que la realidad supera a la ficción. Nada más cierto cuando, de repente, alguna persona me platica sobre un problema que haya tenido. Y aún es más asombroso si parte del relato tiene que ver con un hecho que conmocionó, ya no digamos, al país entero, sino a todo el mundo, como fue el caso de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, desaparecidos el 26 de septiembre del 2014, más de dos años, tres meses, al momento de escribir estas líneas (ver: http://expansion.mx/nacional/2015/09/26/lo-que-sabemos-y-lo-que-no-de-los-43-normalistas-de-ayotzinapa).
La absurda versión “oficial” insiste en afirmar, sin ambages, que los estudiantes fueron “incinerados” en un basurero, lo cual, varios estudios científicos, hechos meticulosamente, han demostrado que de ninguna manera eso pudo haber sido posible. Lo peor es que nadie de los supuestos “culpables” detenidos hasta ahora, ha dado una versión verosímil de lo que pudo haber sucedido.
Todo apunta a que fue un crimen perpetrado por las fuerzas represivas al servicio de la mafia en el poder, tanto policías, como soldados, coludidos todos, como siempre sucede. Pudo haber sido algo así como lo sucedido, por ejemplo, en Tlatlaya, Estado de México, un crimen cometido por soldados, en el que fueron asesinados presuntos “guerrilleros”, una adolescente de quince años incluida, el cual se trató de cubrir con un absurdo montaje que “demostraba”, burdamente, que los asesinados habían “atacado” a los sardos. Los posteriores peritajes, además de los testimonios de tres mujeres que por “error” no fueron asesinadas y vivieron para contar esa masacre perpetrada por el ejército, mostraron que, en efecto, se trató de un vil montaje (ver: http://www.animalpolitico.com/2014/10/la-matanza-del-ejercito-en-tlatlaya-segun-la-cndh/).
En el caso de los 43 normalistas, hay versiones muy serias de que pudieron haber sido asesinados y, luego, incinerados en hornos crematorios del ejército, como sostienen dos investigadores universitarios (ver: http://www.jornada.unam.mx/2015/01/04/politica/008n1pol).   
Bueno, y es algo relacionado con la “desaparición” de los 43, lo que referiré en el siguiente relato, que hasta pareciera una invención, pero no lo es, pues quien me lo contó, es digno de toda mi confianza. Lo llamaré Eduardo.
Eduardo me platicó que en ese entonces, él estudiaba ingeniería en la universidad del ejército en Chilpancingo y que por azares del destino, se vio envuelto indirectamente en tales sucesos.
Su novia, a la que llamaré Sofía, era militante de una organización estudiantil, ella misma, estudiante universitaria. El día en que los estudiantes de Ayotzinapa tenían contemplado venir a la ciudad de México, para que se atendieran sus justas demandas, le pidieron a Sofía, justamente los 43 estudiantes que viajarían en uno de los autobuses, que por favor los acompañara, pues requerían que un representante de una asociación estudiantil estuviera con ellos, con tal de que tuviera más fuerza su presencia en la ciudad de México.
Sofía pidió a Eduardo que los acompañara, pero éste se negó, debido a que estaba en una universidad militar, y sería acusado de traición si participaba en un acto de protesta contra los poderes fácticos “federales”. “Imagínate, un soldado, protestando contra la represión, hubiera sido una contradicción, ¿no?”, me dice.
Sofía lo comprendió y subió al autobús fatídico, dejándole todas sus cosas a Eduardo, quien le regresó el celular, indicándole que “por cualquier cosa, me llamas”.
Se despidieron, Sofía abordó el autobús y éste arrancó…
Pero no había avanzado ni dos cuadras, cuando el vehículo se detuvo, se abrió la puerta y, llorando, descendió Sofía, gritando, angustiadísima, “¡Secuestraron a mi mamá, me acaban de avisar!”. En efecto, la madre de Sofía había sufrido la suerte de miles de mexicanos que cada año son secuestrados, muchos de los cuales son asesinados, pese a haber pagado un rescate, si de eso se trató el secuestro, o son traficados a otros países, mujeres sobre todo, o, simplemente, “desaparecidos” forzadamente, sobre todo si se trata de activistas incómodos para la mafia en el poder. Lo que sea, pero sucede a diario, en que de quince a veinte personas jamás vuelven a ser vistas (ver: http://www.animalpolitico.com/2014/11/2014-el-ano-con-mas-casos-de-desapariciones-en-mexico-van-5-mil-98-victimas/).
Eduardo corrió a su encuentro y Sofía, le dio la mala nueva, que su mamá, maestra de primaria, había sido secuestrada con otra compañera, cuando regresaban de cobrar sus quincenas. El auto en el que ambas viajaban, fue interceptado en la carretera por otro, que se les cerró y las obligó a detenerse (todo esto, lo supieron días después).
Sofía ni hablar podía por el llanto. Todo lo que le dijo quien le había llamado fue que después se comunicarían para lo del “rescate”.
Eduardo y Sofía decidieron regresar a casa de ella, para informar al resto de la familia sobre el secuestro, y pasaron algunas horas.
Fue cuando, refiere Eduardo, recibieron una llamada al celular de Sofía, de uno de los normalistas, un joven apodado “El Mantecas” – pues decía que no usaba aceite al cocinar, sólo manteca de cerdo –, quien con grave y espantada voz, les dijo que policías y soldados los habían rodeado y los estaban balaceando. “¡Nos tienen rodeados cuicos y sardos, y nos están tirando!", se escucharon, por el altavoz del celular de Sofía, los desesperados gritos del estudiante y de otras personas, entremezclados con una copiosa balacera. “¡Se me erizó la piel!”, dice Eduardo, reviviendo quizá el terrible recuerdo. Después, se produjo un silencio, como si hubieran colgado, y nada más escucharon ni Sofía, ni Eduardo. Trataron de comunicarse, pero la llamada los enviaba a buzón.
“¡Sí, se oyó como si de repente hubieran apagado el celular… y ya no pudimos comunicarnos para nada…!”, agrega Eduardo. Se quedaron perplejos. Tampoco fue posible comunicarse con ninguno de los otros normalistas y se quedaron con la mortificación.
Dicha mortificación, momentáneamente, les hizo distraerse del problema que, a fin de cuentas, había salvado la vida a Sofía.
Pero luego siguieron comunicándose con familiares, para informar del secuestro y ver lo que se haría, no sin tratar de nuevo de telefonearle al Mantecas o algún otro…
“Y… pues, ya, al otro día, nos enteramos de que no habían llegado y que los andaban buscando en todos lados”, dice Eduardo, refiriéndose a los sucesos que durante los siguientes días, poco a poco fueron sabiéndose y que, como ya señalé, aun no se han aclarado y, seguramente, la asesina mafia que controla a este país, nunca aclarará, pues es la responsable de esos asesinatos, que pueden considerarse como un crimen de “estado”.
En cuanto a la madre de Sofía, algunos días después, los secuestradores pidieron ciento cincuenta mil pesos de “rescate” y dieron “instrucciones” de en dónde se entregaría el dinero y dónde dejarían a la señora.
Refiere Eduardo que el abuelo de Sofía fue quien se encargó de realizar el pago y de ir a recogerla en una gasolinera cercana a Chilpancingo, a las doce de la noche. “Sí, pues vendieron unos carros que tenían y cosas, y juntaron el dinero”, agrega. La madre de Sofía se encontraba con la otra maestra, su amiga, con quien había sido secuestrada. Como también los familiares de ésta habían pagado el rescate, los secuestradores las entregaron juntas. Estaban todas raspadas y con la ropa sucia, pero ¡vivas!
Refirieron que, luego de secuestrarlas, las llevaron vendadas en auto. Después, las bajaron y las llevaron por el “monte”, entre árboles y ramas, caminando y arrastrando, las encerraron en alguna construcción y las ataron. “Hasta eso, dicen que no las trataron mal, que les daban de comer y todo y las llevaban al baño”, comenta mi entrevistado.
De allí, Sofía decidió no continuar con su activismo, muy espantada por todo, tanto el secuestro de su madre, como la “desaparición” de los normalistas. Mejor tranquilizarse, le dijo a Eduardo.
Por ese y otros problemas, ella y Eduardo terminaron su relación. “Sí, me dolió mucho, pues ya hasta nos íbamos a casar en un año… yo estaba bien clavado, la verdad”, dice Eduardo, suspirando, con un gesto de nostalgia en su rostro. “Pero ya lo superé… ya hasta tengo otra novia”, agrega, sonriente.
También Eduardo se salió de la universidad militar. “Les dije que no quería estar en un lugar en donde no se aprende nada, más que a matar gente”, dice, jactándose.
Agradezco su increíble relato, sí, que un secuestro haya evitado una muerte más, la de Sofía, a manos de las criminales fuerzas represivas de la mafia en el poder.
Como resulta increíble que nadie sepa nada, hasta la fecha, de la suerte que corrieron los 43 normalistas ese 26 de septiembre del 2014. Ni de los que a diario “desaparecen”.
No cabe duda que la vida es muy irónica, cruel y sorpresiva.  

Más “avances” tecnológicos, más depredación ambiental

Posted by Adán Salgado Andrade on domingo, enero 08, 2017


Más “avances” tecnológicos, más depredación ambiental
por Adán Salgado Andrade

Podría pensarse que con los avances tecnológicos, la depredación planetaria que el capitalismo salvaje ha agudizado desde el siglo pasado, dicha acelerada destrucción del medio ambiente debería de atenuarse. Por ejemplo, ahora que se están cuestionando tanto como principal fuente de contaminación a los automóviles de combustión interna, está surgiendo la fiebre por los autos eléctricos, colocando como los modelos más avanzados a los de la empresa Tezla, los cuales, a pesar de tantas fanfarrias, no dejan de contaminar. Se estima que el modelo más reciente contamina el equivalente a una cuarta parte de lo que lo hace un automóvil de gasolina. Pero, además, el impacto que deja la contaminación generada por la fabricación de un Tezla, en cuanto a generación de gases efecto invernadero equivale al doble de un auto de gasolina. Sin contar los daños adicionales que, como veremos, se ocasionan también al medio ambiente, como lo hace cualquier proceso industrial (ver: https://www.wired.com/2016/03/teslas-electric-cars-might-not-green-think/).
No intento defender ningún proceso fabril, pues todos son contaminantes, en mayor o menor medida, pero el problema con las “innovaciones” es que se presentan como la panacea tecnológica y no lo son, pues no muestran todo lo que hay detrás de ellas y, como señalo antes, en lugar de reducir el consumo de materias primas, de la energía para transformarlas y de la resultante contaminación, lo agravan, sumando problemas extras a los que ya de por sí tenemos.
Y es que de nada vale producir tecnologías más “limpias” o “ahorradoras” si, por otro lado, aumenta la cantidad de objetos hechos muchísimo más que los producidos hace dos décadas por ejemplo. Es lo que sucede con los automóviles, que aunque actualmente son más “eficientes”, se fabrican muchos millones más. Al respecto, señala el profesor Vaclav Smil “que de qué sirve que se hagan autos más eficientes, por ejemplo, si se hacen muchos más millones, en proporción a los autos que eran menos eficientes. Ahora, gastamos más aluminio, más acero, más vidrio y así. Mientras sigamos en este absurdo ciclo material de comprar, vender, tirar, no bastará con la innovación” (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/01/vaclav-smil-y-la-ciencia-consciente.html).
En efecto, el capitalismo salvaje requiere de un exagerado consumo compulsivo, lo que ha logrado mediante la imposición social de que sólo consumiendo, y mucho, se destaca socialmente, además de que todos los productos que hace, sin excepción, están hechos para que duren solo cierto tiempo o que vayan siendo rebasados por cuestiones tales como los “avances” tecnológicos o que ya no “estén de moda”. Es lo que se conoce como la obsolescencia programada (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2011/10/la-obsolescencia-programada-el.html).
Así que los “avances tecnológicos” suman ya más problemas para lo que queda del medio ambiente.
Justo es el desarrollo e impulso consumista que están teniendo todos los dispositivos electrónicos, como celulares, tablets, laptops… sumando ahora los autos eléctricos, lo que está provocando un fuerte impacto ambiental en ciertos sitios que, tarde o temprano, afectará a todo el planeta.
El inicio de todo está en las baterías que tales dispositivos emplean, pues se ha exigido, con los años, que sean más pequeñas, más eficientes y que se recarguen en el menor tiempo posible. El diseño básicamente es el mismo en una batería, desde que en 1800 Alessandro Volta inventó la primera batería, mezclando varias capas de cobre, zinc y papel, empapado de salmuera. Luego, conectó el cátodo, conductor de la carga positiva y el ánodo, conductor de la carga negativa y todo ello lo introdujo en un medio electrolítico para conducir la carga de electrones. Y así ha sido, desde entonces, el diseño básico de las baterías.
Los “avances” solo se han enfocado en buscar materiales que las hagan más eficientes. Y la combinación ideal, desde hace algún tiempo, ha sido el empleo de tres materiales clave, los que, aparentemente, son los más eficientes hasta la fecha, y esos son el litio, el grafito y el cobalto (ver: https://www.washingtonpost.com/video/business/batteries-how-a-lithium-ion-battery-works/2016/09/29/d8889522-819b-11e6-9578-558cc125c7ba_video.html).
Con dichos materiales, las baterías han logrado hacerse más capaces, pues pueden durar más tiempo, que es la exigencia hoy día de los usuarios. Diseños más grandes, pero, sobre todo, más delgados, han incrementado la carga.
Pero eso no las hace más seguras, pues si las baterías no están bien diseñadas o no se colocan adecuadamente en el dispositivo que las emplee, pueden estallar, ya que el líquido que sirve como conductor electrolítico es muy explosivo. Justo eso es lo que sucedió con los recientes casos de celulares Samsung Note 7, varios de los cuales estallaron al estarse recargando o, incluso, estando en uso, debido a una colocación defectuosa de las baterías dentro del aparato. Eso ha costado miles de millones de dólares a la empresa por indemnizaciones y recolección masiva de todos los Note 7 (ver:  https://www.cnet.com/news/why-is-samsung-galaxy-note-7-exploding-overheating/).
De todos modos, las corporaciones, ávidas de subir y monopolizar sus ventas, minimizan esos problemas – los que, finalmente, afectan a los consumidores – y siguen viendo a las baterías de litio como el futuro de todo lo que tenga que ver con ellas.
Antes de que Elon Musk fundara Tezla Motors,  la demanda por los materiales requeridos para la fabricación de las baterías de litio-cobalto-grafito era razonable, digamos.
Perro cuando anunció su proyecto de construir una “giga fábrica” de baterías en Nevada, sobre todo para dotar a sus autos de las necesarias, ¡siete mil!, la demanda de tales materiales está subiendo tanto, que para el 2025 se calcula que tan sólo la adquisición de litio, el componente más abundante en las baterías, se triplicará, de acuerdo con previsiones del Deutsche Bank y Goldman Sachs.
Sólo hay que analizar los contenidos de litio que demandan la cantidad de baterías empleadas por distintos dispositivos. Así, para un celular, la batería requiere tres gramos; en una laptop, las baterías requieren una onza (28.3 gramos); un auto híbrido, 1.6 kilogramos; un auto eléctrico normal, casi 20 kilogramos, en tanto que los poderosos autos Tezla, como el modelo 3, son los ganadores, requiriendo sus 7000 baterías casi 51 kilogramos de litio.
Así que si el sueño “ecológico” de Musk es sustituir los autos convencionales con sus eléctricos, millones, por supuesto, imaginemos las monumentales cantidades de litio, sobre todo, cobalto y grafito que serán necesarias para tan epopéyica y depredadora tarea, ¡mill0ones de toneladas!
El periódico The Washington Post (actualmente propiedad de Jeff Bezos, fundador de Amazon), realizó recientemente una exhaustiva y muy bien documentada investigación sobre en dónde y cómo se producen los tres minerales en cuestión, y en los cuales baso parte de este artículo. Comienzan esos excelentes reportajes con la producción del litio (ver: https://www.washingtonpost.com/graphics/business/batteries/tossed-aside-in-the-lithium-rush/?wpisrc=al_alert-COMBO-economy%252Bnation).
Y lo que, de entrada muestra, es la pobreza extrema en que viven los habitantes de las tierras en cuyas entrañas está contenida la salmuera, agua diez veces más salobre que la de mar, rica en litio y algunos otros minerales.
El “triángulo del litio” se distribuye en tres países, Argentina, Chile y Bolivia. La investigación se hizo concretamente en Argentina, en una región de planicies andinas de tierra rojiza, habitada por los atacamas, indígenas nativos de ese sitio, quienes desde hace siglos han tratado de sobrevivir a la “modernidad”, la que nada hace por ellos, excepto empobrecerlos y saquear los pocos recursos que tienen para llevar una magra existencia, la mayor parte de ellos viviendo de la agricultura y la cría de chivos. “Estas tierras sagradas nos pertenecen desde hace siglos y nadie tiene derecho a quitárnoslas y desgarrar sus entrañas”, dice un habitante del lugar.
Basta con ver las imágenes y documentales que acompañan el reportaje para cerciorarse de todo el daño social y ambiental que se está haciendo en tal semidesértico lugar, abusando las compañías mineras de los escasos recursos con que cuentan los atacamas, comenzando con el agua, ya que para obtener cada tonelada de litio se requieren ¡un millón novecientos mil litros de aquélla!
Es de notar cómo la mayoría de los “nuevos” procesos industriales de todo tipo usan más y más agua dulce, la que es cada vez más escasa. No sólo eso, sino que las menguantes fuentes disponibles, ríos o lagos, se contaminan a la par (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2008/10/el-agua-dulce-cada-vez-ms-demandada-y.html).
Es el caso, también, del llamado fracking, que es la contaminante técnica que se está empleando para extraer el gas de esquisto (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2012/05/el-gas-natural-de-esquisto-el-regreso.html).
También de las megaminas, que emplean millones de litros de agua, además de que depredan las tierras en donde se establecen, dejando sólo cráteres enormes y miles de millones de toneladas de desperdicios rocosos envenenados de por vida (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/05/los-destructivos-irreversibles-efectos.html).
Como dije, de qué sirven tantos avances tecnológicos si cada vez depredamos más aceleradamente. En la actualidad, gastamos en 9 meses lo que al planeta le lleva crear en año y medio. Ningún medio ambiente aguantará tal destrucción. La transformación planetaria es realizada por la humanidad y es por eso que ya se le llama a esta época antropoceno, porque es el hombre quien está influyendo tales brutales cambios. Requerimos ya de dos a tres veces los recursos que este depredado planeta nos puede dar (ver: http://www.theworldcounts.com/stories/consequences_of_depletion_of_natural_resources).
Regresando al problema de la extracción del litio – y del cobalto, grafito, coltan y muchos otros minerales –, es evidente que en las regiones donde se explota, prevalece la pobreza y la marginación, como puede apreciarse en las fotos y los videos que acompañan los mencionados reportajes. Aprovechándose de eso, como siempre sucede, las mineras de litio, con engaños, establecen sus depredadoras instalaciones, argumentando que serán en beneficio de los pobladores locales, pues “crean empleos” y les entregan parte de las ganancias. Eso divide, por desgracia, a la gente, lo cual es tan común en tales “arreglos”, que hasta conflictos internos, que muchas veces llevan a violencia extrema, se generan y que terminan por favorecer a las mineras, quienes destacan tal violencia como “ignorancia, gente que se opone al progreso”. Esos son pretextos excelentes para que las mafias en el poder, coludidas con las tramposas mineras, lancen a sus fuerzas represivas contra la gente que no esté de acuerdo, encarcelando y hasta asesinando a los inconformes.
En México, así sucede cuando los pobladores de un lugar se oponen a ilegales megaproyectos, como megaminas, fracking o megaproyectos turísticos, en donde hasta a paramilitares emplean dichas gansteriles corporaciones para deshacerse de inconformes (ver: http://www.sinembargo.mx/21-09-2013/758172).
Por otro lado, los empleos creados, que tanto alardean las mineras de litio, son pocos y mal pagados, pues se trata generalmente de ocupaciones poco calificadas, que demandan un exhaustivo esfuerzo físico repetitivo. Y mucho menos es cierto que los poblados reciban jugosas “contribuciones”, pues en una parte del artículo, refiriéndose a la construcción de una planta llamada Sales de Jujuy, al entrevistar el reportero a un habitante de Huancar, una comunidad de 400 habitantes, tan pobre que trueca ropa por comida muy frecuentemente, aquél le dice que ignoraba que la minera, del grupo Exar, chileno-canadiense, les debía pagar anualmente dinero. “Estoy perplejo. No sabía nada del dinero. La verdad es que sólo se burlan de nosotros”, concluye el decepcionado hmobre.
De todos modos, el dinero que Exar les debería de pagar es mínimo, en comparación con lo que anualmente espera ganar cuando la nueva planta esté en funcionamiento o las que ya opera. Calcula la empresa que en plena producción, obtendría unas 25 mil toneladas de carbonato de litio anualmente, por las que obtendría 250 millones de dólares. Para entonces, las comunidades afectadas por las minas, tendrían que recibir, en conjunto, 178 mil dólares por año, lo cual representaría apenas el 0.0071% de los ingresos de Exar.
En efecto, es una burla. Muchas mineras, como aquí hacen, creen que con sólo construir un hospital, una escuela y dar una limosna anual, es suficiente para que depreden y destruyan bosques y tierras de los habitantes en donde establecen sus contaminantes megaproyectos. Pero aun si el dinero fuera muchísimo, nadie le repondrá a la gente su patrimonio natural, el cual es invaluable.
Justo en otra parte del reportaje, una mujer, que está en contra de esos proyectos, señala que: “Estas tierras son ancestrales, vivimos de ellas, del campo, de nuestro ganado. Nuestra forma de vida está en peligro”
Otras dos empresas, Toyota Tshuso, japonesa, y una australiana, aseguran no haber “tenido ningún problema” con los pobladores y que siempre han trabajado bien con ellos desde el principio. Sin embargo, no es así, pues la gente, como indica un delegado local, es sólo vista como “piedras en el camino”.
Pero además de los problemas sociales y las divisiones entre los pobladores, están los ambientales, pues, para comenzar, la salmuera que se extrae se deja aireando en depósitos al aire libre, que provocan contaminación ambiental por la evaporación que genera, ocasionando males respiratorios y contaminando fuentes de la escasa agua de los pobladores. Otro problema es que los depósitos subterráneos de la salmuera al irse deprimiendo, algunos expertos piensan que podrían irse rellenando con los acuíferos cercanos, lo que iría acabando con el agua dulce disponible.
Sin embargo, las empresas y las corruptas “autoridades”, desestiman esas advertencias y dicen que mientras haya salmuera, allí seguirán, para obtener el tan demandado litio.
En el segundo artículo presentado por The Washington Post, los reporteros hicieron su investigación en el Congo, en donde se extrae la mayor parte del cobalto que emplea la industria electrónica mundial. El cobalto se usa para hacer el cátodo, el polo positivo de una batería
En ese país, uno de los últimos en nivel económico, junto con Haití y Somalia, la extracción es de tipo industrial y “artesanal”. Ésta última es la que abordó la investigación, dadas las precarias condiciones en que trabajadores que laboran por su cuenta lo hacen, arriesgando a diario la vida por el equivalente de tres o cuatro dólares por día.
El Congo, a pesar de ser uno de los países más pobres del orbe, reboza de minerales. Un geólogo lo ha calificado de “escandalosamente rico” en ellos. Otro mineral que posee, por ejemplo, es el coltan, el que se emplea como aislante térmico, sin el cual, no sería posible la existencia de la industria electrónica, que también se extrae artesanalmente, en condiciones deplorables, con la desventaja adicional de que, como los depósitos están dentro de una zona selvática protegida, en donde sobreviven los últimos gorilas de montaña que quedan, muchas veces, los trabajadores los cazan para tener qué comer, dado que no cuentan con instalaciones adecuadas, como comedores o por el estilo (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2009/09/el-coltan-otro-recurso-natural-mas-para.html).
La extracción industrial del cobalto es a cielo abierto, operando como las contaminantes megaminas que, como ya se dijo, también consumen demasiada agua, además de que la contaminan irreversiblemente. Igualmente, dejan millones de toneladas de desechos rocosos muy contaminados por los químicos que se emplean para el proceso de lixiviación.
En cambio, en el caso de la extracción artesanal, aunque no se dan los mencionados daños ambientales que se producen al nivel de la industrial (los hay, por supuesto), también se expone la manera tan rudimentaria y peligrosa en que los mineros, quienes trabajan por su cuenta, laboran. No hay salario fijo, ni prestaciones, indemnizaciones si se lastiman o, peor, si mueren dentro de las minas.
Es muy explícito el video que acompaña al reportaje, en el que se puede observar a un minero que llega al lugar de trabajo, un terreno en el que se han cavado decenas de oquedades verticales, muy estrechas, por una de las cuales aquél va descendiendo, sin ningún equipo de seguridad, ni nada, sólo su harapienta ropa, huaraches y, como equipo de extracción, cincel, marro y costales. Llega al fondo, luego de bajar unos cuatro metros, y se pone a golpear las rocosas paredes con su instrumental, echando en el costal los pedazos de piedra desprendidos. La actividad es tan peligrosa, que son frecuentes accidentes y muertes, sobre todo por el derrumbamiento de inestables paredes rocosas. Muy acertado que los reportajes se hayan acompañado de videos, pues resultan más dramáticamente explícitos (ver: https://www.washingtonpost.com/graphics/business/batteries/congo-cobalt-mining-for-lithium-ion-battery/?tid=batteriesseriesnav).
Toda la producción de los mineros se entrega a la empresa Congo DongFang International Mining, empresa filial de la corporación china Zhejiang Huayou Cobalt, la mayor productora mundial del mundo. Esta empresa es la que surte a los mayores fabricantes de baterías, los que, a su vez, le surten a Apple las de sus iPhones.
Y es algo que se critica en el artículo, que a pesar de que importantes empresas, como Apple, Samsung, Panasonic, Sony, Tezla, General Motors, Amazon y otras, supuestamente “monitorean” que los materiales contenidos en las baterías de sus productos no provengan de zonas que ocasionen problemas ambientales, sociales o en donde existan conflictos militares, resulta que el 25% de la producción global del cobalto es obtenida en las señaladas condiciones tan precarias. Y dicho porcentaje equivale a entre un 17 a 40% del total obtenido en el Congo, solamente después de la extracción industrial, gracias a esos mineros que a diario arriesgan su vida y salud, además de que muchos de ellos son menores de edad.
Esos “creuseurs”, francés para excavadores, llevan en costales de 55 kilogramos su producto, por el cual, establecimientos que están a lo largo de la carretera, atendidos por asiáticos (a pesar de una ley congolesa que prohíbe que establecimientos de ese tipo sean operados por extranjeros), les pagan $881 dólares, si la roca contiene 16% de cobalto y solamente $55, si contiene no más de 3% del mineral.
Sin embargo, la tonelada del cobalto, ya refinado, actualmente se vende en $26 mil dólares.
Los creuseurs ganan no más de dos o tres dólares al día, lo que les permite sobrevivir en condiciones deplorables. Pero si no obtienen nada, tampoco ganan ni ese miserable ingreso.
Gracias a su trabajo es que en el consumista mundo que habitamos, la gente “bonita” puede emplear sus caros celulares, laptops, cámaras… y autos eléctricos, ignorando, o sin importarles, todo el drama ambiental y social que hay detrás de sus dispositivos y que, inexorablemente, está teniendo un alto costo para toda la humanidad y para el planeta.
“Dejamos a diario aquí la vida… ¡y para qué!”, exclama un minero, lamentando lo que tienen que arriesgarse a diario, para tener una miserable existencia.
Una autoridad local, cuestionada por las malas condiciones laborales y los daños ambientales, declara que “nosotros no somos limosneros. Las empresas deberían de cuidar todo eso, pero no lo hacen, pues son prepotentes, además de que sobornan a altos mandos, y por eso, no se les molesta para nada”. Claro, la corrupción entre mafias empresariales y políticas hace posible todo ello. Y, peor aún, que un país con tantos recursos minerales, sea considerado de los más pobres del planeta. Es el obsceno legado del colonialismo.
También, en el caso del cobalto, la demanda se ha intensificado por el incremento en la producción de autos eléctricos. Un celular requiere de 5 a 10 gramos, una laptop, una onza (28.3 gramos), en tanto que un auto eléctrico normal (no los veloces Tezla o los que proyecta fabricar otra nueva firma, Faraday Future), emplea de 4.5 a 9 kilogramos de cobalto. Al igual que con el caso del litio, la producción de cobalto se espera duplicar para el 2025, pasando de las 32657 toneladas actuales a 76525 para dicho año. Obviamente, su valor crecerá y todo lo que se fabrique con cobalto.
El daño ambiental también es evidente, pues los mineros lavan las rocas obtenidas en los ríos locales, lo que contamina el agua y los peces de dichas corrientes, consumidos por todos los habitantes locales. Estudios han hallado niveles de cobalto en muchas personas 43 veces mayores a los permitidos, lo que incrementa enfermedades crónico-degenerativas, como cánceres de todo tipo, además de los nacimientos con malformaciones genéticas (una de ellas es el síndrome de la sirena, llamado así porque los recién nacidos nacen con las piernas pegadas, además de que sus órganos digestivos no se forman bien). De hecho, se considera que Lubumbashi, que es la región congolesa donde se concentran las minas de cobalto, es una de las diez más contaminadas del mundo, tanto en sus tierras, como en sus aguas
Como hemos visto hasta aquí, la “innovación” tecnológica tiene su lado muy obscuro.
El tercer mineral en la lista es el grafito, el cual, el 77% se obtiene en China. Sirve para hacer el ánodo de una batería.
De nuevo, son dramáticas las escenas mostradas por el video inicial, en donde un hombre enseña todo el polvo negro que cubre permanentemente toda la casa y su contenido. “Antes, limpiaba a cada rato”, declara una mujer, “pero como esto se volvía a ensuciar muy pronto, dejé de hacerlo”. Otro hombre muestra sus negros dedos después de pasarlos por una mesa de su casa y sacude un pantalón que recién colgó de un lazo, para que se secara, del cual se desprende una buena cantidad de polvo negro. “Nos mató ese polvo nuestros árboles frutales”, agrega una pareja, que vivía de eso, quien también afirma que sus tierras producen menos o ya no sirven para sembrar. Siembran maíz, pero las plantas están tan llenas de tizne de grafito, que al recorrerlas, salen con las caras ennegrecidas. El polvo invade todo, hasta su nariz y boca y lo sienten entre los dientes. Por las noches, el aire brilla, debido a que el tizne flota y refleja la luz. Eso comenzó a suceder desde hace cinco años, cuando una contaminante planta de grafito abrió cerca de donde todos los quejosos viven (ver: https://www.washingtonpost.com/graphics/business/batteries/graphite-mining-pollution-in-china/?tid=batteriesseriesnav).
Todo eso ocurre en el noreste de China, en pueblos como Mashan, Liumao, Jidong, cerca de Jixi, o Pingdu o Laixi, cerca de Beijing.
En este caso, los reporteros se encontraron con el temor de algunos habitantes a hablar, debido a que si lo hacen, no tarda en aparecer algún funcionario local, acercarse y advertirles que no deben de contarle a nadie sobre sus problemas, aunque sean tan graves, que afecten su salud y su medio ambiente.
Esa es la forma en que la mafia china en el poder controla todo en su país, desde protestas sociales, hasta los graves daños ambientales que está sufriendo y que se minimizan o, peor, se niegan. Son los costos de haberse convertido en la mayor maquiladora mundial al servicio de los mezquinos intereses del capitalismo salvaje, quien ha hecho ver a China como una máquina permanente de crecimiento económico, sin importar los daños ambientales y la desigualdad social provocada (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/09/china-autoritarismo-capitalismo-salvaje.html).
Sin embargo, ya también China muestra los efectos crónicos de la permanente crisis económica, inherente a este contradictorio y depredador sistema (ver:  http://www.marketwatch.com/story/china-is-near-a-financial-crisis-similar-to-the-us-in-2008-says-soros-2016-04-21).
Y tampoco su represiva autocracia puede negar los efectos ambientales de tan desmedido, anárquico, materialista crecimiento, pues, al momento de escribir este artículo, China declaró una emergencia ambiental nacional, la primera en su tipo. Fue tan densa la capa de smog que cubrió todo el país, que en algunas partes, se redujo la visibilidad a 50 metros (ver: http://www.jornada.unam.mx/2017/01/04/sociedad/031n1soc).
Se calcula que por la severa, cotidiana contaminación, mueren 4000 personas por día, lo que equivale al 17% del total de las muertes anuales de chinos.
Los “esfuerzos” para combatir tan crónica contaminación, rayan en lo ridículo e imposible, sugiriendo desde gigantescos rociadores, colocados en edificios, para que el roció baje la contaminación, hasta, simplemente, censurar todo tipo de información que se atreva a difundir que en China existe contaminación (ver: http://www.ecoportal.net/Eco-Noticias/10-soluciones-absurdas-para-el-smog-mortal-en-China).
Al parecer, eso fue con lo que se toparon los reporteros del Washington Post, la censura autoritaria para negar que el grafito sea un problema en los sitios en donde operan las fábricas que lo producen.
A pesar de esos graves problemas, y de los que, obviamente, sufren también los trabajadores, quienes terminan negros de todo el cuerpo – y de su organismo, claro –, un encargado de una de tales fábricas declara, cínicamente que “pues sí, pero a cambio la gente tiene trabajo, ni modo, qué le hacemos”. Esa es una declaración que sólo muestra el nivel de subyugación al que se ha reducido al pueblo chino, incapaz de protestar, ni siquiera, por problemas que les afecten su salud. Al respecto, señala el escritor Yu Hua, en su libro “China en diez palabras”, que a los activistas les llaman “refugiados de la justicia” y son tratados como criminales, ejecutando, incluso, a muchos de ellos.
No importan, pues, las amargas quejas de la gente afectada por la producción de grafito. Ésta, debe de continuar, pues su demanda sube y sube.
De nuevo, se señala que las grandes corporaciones demandantes de baterías, se cercioran que el grafito empleado se obtenga en forma segura y no dañe medio ambiente, ni afecte salud. Pero, como comprobaron los reporteros, eso no se cumple la mayoría de las veces.
Y si, igualmente, vemos la cantidad de dicho mineral que contiene la batería de un celular o una laptop, unos cuantos gramos, las baterías de un auto eléctrico típico, requieren hasta 25 kilogramos de grafito, se comprenderá por qué su demanda seguirá subiendo muchísimo (ver: http://batteryuniversity.com/learn/article/bu_309_graphite).
Los problemas ambientales, que ocasione tal brutal incremento en la demanda, crecerán y la salud de toda la humanidad se irá deteriorando, pues la contaminación no se queda sólo en los sitios en donde ésos y otros minerales se producen y procesos industriales se realizan. Un estudio reciente demostró que la contaminación producida en China, ya está llegando a la costa occidental de Estados Unidos, por si los estadounidenses creían que tal contaminación es sólo problema de los chinos.
No, la contaminación de cada país es un problema planetario.
Pero, todo sea en nombre de las innovaciones tecnológicas.














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