Hipatia o del asesino obscurantismo católico

Posted by Adán Salgado Andrade on lunes, octubre 09, 2017


Hipatia o del asesino obscurantismo católico
Por Adán Salgado Andrade

Hacia 1853, el clérigo inglés Charles Kingsley (1819-1875) escribió la novela Hipatia, esbozo biográfico sobre esa extraordinaria mujer, que fue filósofa, astrónoma, matemática y teóloga. Pero también, dicha novela, es un crítico trabajo sobre el actuar de la religión católica durante el siglo V de nuestra era, pues Kingsley describe muy adecuadamente el proceso de odiosa intolerancia que la iglesia católica de esos días ejerció contra todo aquel personaje, ley o institución que se opusiera a sus “divinos designios”, como alevosamente llamaba aquélla a sus formas tan rudas y ruines de imponer la “voluntad de Dios”. Además de clérigo, Kingsley fue profesor de historia moderna durante varios años en la Universidad de Cambridge y muy afamado novelista. Justamente su profundo interés por la historia, sobre todo la crítica, lo llevó a escribir Hipatia (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Charles_Kingsley).
A pesar, como dije, de que Kingsley tenía instrucción religiosa y fue canónigo en la catedral de Chester, ello no le impidió criticar en varios pasajes de “Hipatia” al catolicismo, sobre todo la violencia que ejerció, incluso, cuando ya tenía bastante reconocimiento aquél en la decadente Roma y no se justificaban más esos actos de homicida intolerancia, justo como se hizo con Hipatia. La edición que leí es la primera inglesa, publicada por R. F. Fenno & Company, en 1853.
Hipatia, nacida entre los años 350 a 370 y asesinada en el 415 de nuestra era, fue una gran, sabia mujer de su tiempo. Vivía en Alejandría, último reducto del decadente imperio romano. Podría decirse que, hablando de feminismo, ella habría sido de las primeras, públicas mujeres, en defender a su sexo, tanto con hechos, así como por su inteligencia. En pasajes de la novela, Kingsley la describe como una mujer que, lo menos que deseaba, era estar atada a un hombre, a pesar de que por su excepcional belleza era pretendida por muchos, como Orestes, el prefecto de Alejandría, ciudad que, como señalé, en ese entonces aún era parte de un imperio romano que se desquebrajaba bajo la amenaza católica. En todo momento, Hipatia se oponía al matrimonio. En un pasaje, en el que se refiere cómo Orestes, de una forma muy burda, le pide su mano, Hipatia se queja con Theon, el padre de ella, de tal atrevimiento, diciéndole que si se casara “¿Podría el imperio mundial (romano) restaurar mi perdida reputación, mi ganado orgullo. Podría evitar que me sonrojara cada vez que recordara que llevaría el odioso y degradante nombre de esposa. La propiedad, el títere de un hombre, sometiéndome a sus placeres, procreando a sus hijos, desgastándome con todos los nauseabundos cuidados que requiere el matrimonio, siendo ya incapaz de glorificarme, de ser pura, autosustentable. Ser forzada noche y día a reconocer que mi belleza ya no es el sacramento del amor de la Diosa Atenea por mí, sino que solamente es un juguete de un hombre, y, peor aún, de uno como Orestes, tan banal, frívolo, sin compasión y que sólo cuando le conviene, me rinde pleitesía y, cuando no, actúa hipócritamente?”. Kingsley escribió su novela, según relata en el prefacio, con toda la precisión histórica que tuvo a su alcance, así que es muy probable que su caracterización de Hipatia sea lo más aproximada posible al erudito personaje que ella fue.
Y, como dije, su forma de pensar pudo haber sido tan vanguardista, que se oponía a ser una simple mujer, esclavizada por el matrimonio hacia un hombre. En otro pasaje, Hipatia se cuestiona “¿De qué sirve definir el proceso mediante el cual almas individuales emanaron de la Universal, si mi propia alma debiera de decidir sobre el acto tan terrible de casarse? ¿O escribir finas palabras acerca de la inmutabilidad de la Razón Suprema, mientras mi propia razón estaría allí, luchando por su existencia, en medio de un mar de dudas y obscuridad?”. Sí, entendible su dilema, pues lo que Hipatia trataba de difundir mediante los principios filosóficos que predicaba, no estaba de acuerdo con toda la intolerancia católica, imposiciones políticas y prejuicios que a diario enfrentaba, más aún, como dije, en esa época en que el obscurantismo cristiano ya se comenzaba a forzar y a pregonar, cual infecta plaga.
Varios ejemplos históricos de mujeres que pusieron en alto al feminismo se han dado a lo largo de la historia. Una de ellas es Cristina de Pizano (1364-1430), quien hacia el año 1405, escribe su novela “El libro de la ciudad de las Damas”, una literaria defensa hacia las mujeres, como respuesta a las mordaces críticas del autor francés Jean de Meun hacia las mujeres, a las que calificaba de “poseer muchos vicios y ser unas artistas en el arte del engaño”. Cristina ubica a varias mujeres históricas notables en esa ciudad y da cuenta de cómo ellas solas, sin necesidad de hombre alguno, logran administrar y sacar adelante a dicha ciudad (ver: https://en.wikipedia.org/wiki/Christine_de_Pizan).
En Hipatia, por consiguiente, vemos a otra gran defensora de las mujeres, tanto por su valiente oposición al fanatismo católico, así como por sus profundos conocimientos filosóficos, astronómicos y matemáticos. Por ejemplo, Hipatia fue la primera en proponer que eran la tierra y los otros planetas lo que giraban alrededor del Sol y no, al revés, como en ese entonces el obscurantismo católico afirmaba.
La novela se ubica en los años 400’s, siglo V de nuestra era, cuando ya los cristianos tenían, más que reconocimiento del decadente imperio romano, una creciente influencia, tanto que, judicialmente, la justicia romana no se metía mucho con ellos, mientras no se pusieran demasiado violentos. Alejandría era parte de aquella decadencia imperial y aunque aún gozaba de cierta, digamos, “tolerancia”, los acontecimientos que se dan alrededor del año 415, mostraron que dicho concepto estaba por morir. Cirilo era el “patriarca” de la ciudad, como se le llamaba a la máxima representación de la jerarquía católica en ese entonces. Cirilo controlaba a miles de monjes, supuestos personajes imbuidos por la “palabra de Cristo”, quienes, contrario a la popular creencia de que eran “pacíficos”, todo lo contrario, cuando los arengaban sus patriarcas, como hizo muchas veces Cirilo, eran verdaderas, violentas hordas, dispuestas a  destruir y asesinar. Cirilo y esos monjes, no sólo ejercían una gran influencia política en Alejandría, sino que la controlaban y no dudaban en recurrir a la fuerza bruta y demencial violencia para imponer la “voluntad divina”, algo que, según la historia, no hizo Jesús de Nazareno.
Por ejemplo, los “cristianos” enfrentaban abiertamente a los judíos, pues, decían, eran codiciosos y amaban el dinero y la riqueza, más que a nada. En la novela se refiere un episodio del violento actuar de los monjes. Ante un supuesto ataque de judíos al Cesareum, en donde se situaba el templo católico en Alejandría, Cirilo los arenga para que saqueen las propiedades y bienes de todos los judíos y los expulsen para siempre de Alejandría, cosa que hacen muy violenta y diligentemente. Un personaje de la novela, el judío Rafael Aben-Ezra, muy rico e influyente con Orestes, decide no oponer resistencia alguna y, en cambio, está presto a renunciar a su fortuna e, incluso, a sus ropajes, los que intercambia, aparentemente muy gustoso, por el harapiento hábito de uno de los “devotos monjes”. Eran los monjes, los grupos de choque de los jerarcas católicos.
La autora Karen Armstrong, erudita en el estudio de las religiones, señala en su más reciente obra Fields of Blood: religión and the history of violence (Tierras de sangre: religión y la historia de la violencia, Anchor Books, 2014), sobre los mojes que “se convirtieron en la simbólica vanguardia de la violenta Cristianización. El mero sonido de sus cánticos hacía  que todos les temieran. El orador Libanius urgía al emperador a que persiguiera a esta tribu de delincuentes con sotanas, quienes eran culpables de latrocinio, robo y violencia y describía la desolación extrema que dejaban sus extremos ataques en los templos, no cristianos, con palos, piedras o barras de hierro y, cuando no los tenían, usando pies y manos”. Así que los monjes no siempre fueron los callados, abnegados personajes que presenta falsamente la religión.
Otro rasgo católico que Kingsley critica en la novela, a través del narrador, era la codicia con la que ya, desde entonces, los católicos actuaban, quienes no tenían empacho en “perdonar” los pecados de quien mejor les pagara sus “divinos favores”. Así, en un párrafo, una mujer pudiente, en curso de convertirse en cristiana, llega al templo en una silla de manos, cargada por dos esclavos negros. Un personaje objeta que, aunque el cristianismo prohíbe la esclavitud, a esa mujer se le permite llegar así. “Seguramente colmará de caros regalos al patriarca, con tal de que éste le perdone sus pecados y le permita seguir usando esclavos para su transporte”, opina aquél, sarcástico.
Así que la codicia era ya rasgo católico. Extraña característica, tomando en cuenta que la iglesia “detestaba” o fingía hacerlo, a los codiciosos. El economista inglés R. H Tawney escribe en su libro Religion and the Rise of Capitalism (Religión y el surgimiento del capitalismo, Mentor Book, 1954), “que la usura era muy penada por la iglesia. Un hombre será considerado un usurero no sólo si carga intereses en préstamos, sino también si permite que pasado el tiempo, en una venta a crédito, exija un precio mayor al inicial”. Sí, sorprendente que la iglesia haya sido aparentemente piadosa con los años, luego de sus iniciales lances con aceptar riqueza a cambio de perdonar pecados, como señala Kingsley en su novela. Pero como Tawney desarrolla más adelante, en la obra mencionada, la iglesia llegó a tal grado de aceptación de la riqueza material, no sólo “espiritual”, que la llevó a convertirse en la fuerza económica que actualmente es. Particularmente fue gracias a Juan Calvino que el catolicismo aceptó de buena gana que un buen católico lo era, no sólo por seguir los principios y los mandamientos cristianos, sino por trabajar muy duro y enriquecerse, si esa era la voluntad divina. Muy buena justificación para volverse muy rico, podría pensarse.
Filemón es otro personaje crucial en la novela. Es un monje que sale de un monasterio llamado Laura, para “conocer el mundo pagano”. Sin embargo, una vez que llega a Alejandría y contempla el salvajismo con que sus colegas monjes atacan y expulsan a los judíos, además de la manera tan burda en que cuestionan las enseñanzas de Hipatia, decide renunciar al cristianismo. Eso lo hace asistiendo a las clases que imparte Hipatia, con las cuales queda extasiado. Sobre la violencia de los monjes, Filemón piensa “¿¡Acaso son éstos, los ministros del evangelio. Son éstos, los frutos del Espíritu de Cristo. Acaso hay un Evangelio. Hay un Espíritu de Cristo. No serían sus frutos muy diferentes a éstos!?”. Como se ve, Kingsley emplea la novela para hacer una mordaz crítica al catolicismo y, sobre todo, las formas tan violentas y asesinas que empleó para imponerse como “religión única”.
Esa cerrazón, esa intolerancia, era lo que más criticaba Hipatia en sus enseñanzas. Su concepto filosófico en contra del Cristianismo era la necedad de esta doctrina de afirmar que, como Dios había creado al mundo y todo lo que en éste había, dicho mundo era una especie de mecanismo inerte, muerto, y que no requería más intervención de aquél Dios. Pero, rebatía Hipatia, si Dios existía era lógico que permitiera a filósofos o científicos, a través de su voluntad, de sus escrituras, mantener ese mundo en funcionamiento, saludable, y si en eso iba algún cuestionamiento, era válido – como hacía Hipatia –, pues era, justamente, la voluntad de Dios a través de sus creaciones.
Como puede verse, era totalmente justificado el punto de vista de Hipatia. Pero eso era lo que no aceptaban los cristianos, que se cuestionara tal inamovilidad, la cual se debía “a la gracia divina”.
En la primera ocasión que Filemón toma una clase con Hipatia y se atreve a llamar a la religión romana idolatría, aquella le increpa “¡Idolatría! Mi discípulo no debe repetirme esa muy trillada calumnia cristiana. En cualquier superstición en la que el vulgar piadoso pueda haber caído, son ahora los cristianos, no los paganos, los que son los idólatras. Ellos, quienes conceden milagrosos poderes a los huesos de un hombre muerto (se refería a Jesús de Nazareno), quienes convierten en templos a los mausoleos y se inclinan ante las imágenes de los más mezquinos de los hombres, no tienen realmente ningún derecho en acusar de idólatras a los griegos o a los egipcios, quienes encarnan en forma de simbólica belleza a ideas que van más allá del alcance de las palabras”.
Hipatia se refería al politeísmo religioso que privaba antes del cristianismo, el cual era una constante en las antiguas religiones. Por ejemplo, entre los antiguos mexicanos, como los mexicas, se les concedía carácter divino a los elementos de la Naturaleza, que debían reverenciarse, pues eran maravillosos, incluso, inexplicables, y sólo tomándolos como Dioses, los hombres podían entender tanto poder. Así, Tláloc, era el dios de la lluvia. Ehecatl, era el Dios del viento. Coyolxauhqui, Diosa de la Luna y así. Entre la mitología romana, también se pueden ver dioses relacionados con los elementos, como Júpiter, que era el dios del cielo y del relámpago, Neptuno, que era el dios de los mares, Vulcano, el dios del fuego y así. Incluso, los romanos, al igual que los griegos, tenían dioses dedicados a características humanas, tales como Minerva, que era la diosa de la poesía, medicina, sabiduría, comercio, estrategias militares, tejido y artesanías, lo que indicaría que era atribuido a la divinidad el conocimiento y las cualidades humanas. Y eso no era idolatría, como prejuiciosa y tendenciosamente afirmaban los cristianos, sino, en todo caso, muestra de humildad, ante lo desconocido, por parte de la humanidad.
También, en otra parte de la novela, a través del ya mencionado judío Rafael Aben-Ezra, se hace una crítica al celibato. En un diálogo entre un militar y Aben-Ezra, aquél le dice que busca que su hija Victoria dedique su vida a Dios y que por eso la conserva “soltera y pura”, a lo que el judío le replica “¡Perdóneme, pero no puedo comprender qué beneficio o placer su Deidad (se refiere a Cristo) ganará de la soltería de su hija. Y, más bien, creo que eso sólo podrían decirlo sacerdotes a quienes la sexualidad no importara en absoluto!”. Es aguda la crítica de Kingsley, a  través del judío, sobre que nada se gana con mantener el celibato en monjes, monjas o sacerdotes, pues va en contra de la naturaleza humana. En todo caso, la represión sexual que la soltería implica, da lugar a comportamientos desviados, como los “sacerdotes” pederastas, por ejemplo, que sacian, digamos, sus reprimidos deseos sexuales, toqueteando o violando a niños. Este problema ha salido mucho a la luz pública recientemente, incluso varias películas lo abordan, como la cinta estadounidense Spotlight (2015), que refiere la epidemia de casos de abuso sexual de niños que se dio durante varios años en Estados Unidos por parte de “católicos sacerdotes”. Y es sólo la religión católica la que prohíbe a sus ministros de culto el casarse, pues las demás, sí lo permiten, porque es algo que está en la naturaleza humana.
Continúa la novela mostrando los infames acontecimientos que fueron acorralando a la noble Hipatia a su sacrificio, por parte de una turba de monjes locos, azuzados por Cirilo. Hipatia no pensaba que llegarían a tanto. Creía que por su condición de mujer, los monjes la respetarían y que Orestes intercedería por ella. Mas no fue así. Cirilo, junto con sus monjes, henchidos de rabia contra la “idólatra”, van por ella hasta su casa. Y lo que siguió, Kingsley, en palabras de Filemón, lo describe así: “Apretujado contra un pilar, incapaz de moverse entre la densa masa, él se tapó sus oídos con sus manos. Pero no dejó de escuchar esos terribles gritos. ¿Cuándo terminarían? ¿Qué, en el nombre del Dios de la misericordia, estaban haciendo (los monjes)? ¿Haciéndola pedazos? Sí, y más que eso. Y, aun así, seguían los crispantes gritos de terror y, aun así, la gran estatua de Cristo miraba a Filemón con esa calma, con ese intolerante ojo, y no se voltearía. Y sobre su cabeza, estaba escrito en el arcoíris ‘¡Yo soy el mismo, ayer, hoy y siempre!’. ¿El mismo que estuvo en la vieja Judea? Y Filemón se cubrió su cara con sus manos y deseó morir. Pero ya todo había terminado. Los terribles gritos habían cesado y se habían convertido en lamentos y los lamentos en silencio. ¿Cuánto tiempo había estado él allí? ¿Una hora o una eternidad? Gracias a Dios había terminado. Por el bien de ella, pero ¿por el bien de ellos? Sin embargo, no fue así. Un nuevo grito se escuchó en el recinto. ‘¡Al Cinarón (un sitio público de Alejandría), quemen sus huesos. Y echen sus cenizas al mar’ Y la furiosa turba pasó junto a él de nuevo”. No resulta muy descriptivo el pasaje. Y se agradece, pues no hace falta. Se siente la alevosía, la insana maldad con que fue linchada Hipatia a manos de esos monstruos, guiados por “la palabra de Dios”.
Al final de la “piadosa” carnicería, Eudemón, el propietario del hostal en donde se hospedaba Filemón, quien trató de evitar la muerte de Hipatia, poniéndola sobre aviso, pero que no pudo lograrlo, se acerca y le dice “¡Y ésta, mi joven carnicero, es la Católica, Apostólica Iglesia!”, a lo que Filemón le responde “¡No, Eudemón, es la iglesia de los demonios del infierno!”.
Sí, muy bien dicho por Filemón, para quien esos asesinos no podían ser piadosos monjes, sino malditos demonios, quienes con inigualable saña, habían asesinado a la pobre Hipatia. Esa saña fue recuperada siglos después por la “Santa Inquisición”, ese aberrante sistema “judicial” de la iglesia, mediante el cual miles de personas fueron torturadas y asesinadas, mediante demenciales métodos que nada tenían que ver con las “enseñanzas de Cristo”. El “delito” del que se acusaba a esos pobres infelices era el de ser “herejes”. Y bastaba con una falsa acusación, por ejemplo, si se trataba de un hombre, que una monja dijera que lo había soñado con cuernos de chivo y cola, o sea, de apariencia diabólica, y que la había ultrajado, para que a aquél lo torturaran terriblemente y luego lo ejecutaran. La muerte, se convertía, así, en un alivio ante las desquiciadas torturas que le infligían los “santos verdugos”. Y si se trataba de una mujer, una sabia, como Hipatia, por ejemplo, bastaba con que se le acusara de bruja, para torturarla y asesinarla. Sólo hay que ver los instrumentos de tortura que se usaron en esos obscurantistas, nefastos tiempos, para darnos una idea de la demencial crueldad con que actuaban esos “santos inquisidores”. Y, claro, la ganancia adicional de tantos asesinatos “en nombre de Dios”, era que la iglesia tomaba posesión de la fortuna de los infelices ejecutados. Sí que fue un muy buen negocio la inquisición.
Vaya que tenía razón Hipatia en cuestionar que la sola aceptación de la existencia de Dios no era suficiente para recomponer tanta crueldad, violencia, fanatismo, destrucción, guerras y más problemas que enfrentaba el mundo. Eso, sí, era idolatría pura. Por lo que se le tenía que cuestionar a la divinidad su magna creación a través de sus propias creaciones, o sea, las mujeres y hombres juiciosos, inteligentes, sensibles, quienes a través del razonamiento crítico, podrían corregir tal reinante caos.
Muy probablemente los verdugos inquisitoriales del medioevo se hayan basado en la demencial carnicería que cometieron los monjes locos con Hipatia.
Kingsley concluye su obra con una lacerante crítica hacia el desarrollo de la iglesia católica. Dice “La iglesia (de Alejandría) creció año con año, más inhumana e ilegal. Libre de enemigos y de temores, aplicó su ferocidad hacia sí misma, a depredar sus propia vitalidad y a despedazarse por el voluntario suicidio, con mutuos anatemas y exclusiones, hasta terminar en un mero caos de sectas idólatras, persiguiéndose unas a las otras por cuestiones metafísicas, las cuales, verdaderas o falsas, se tachaban de heréticas, con tal de vigilarse y dividirse. Ortodoxia o no ortodoxia, tales sectas no conocían a Dios, porque tampoco conocían lo correcto, el amor o la paz. Odiaban a sus descendientes y caminaban a obscuras, no sabiendo hacia dónde se dirigían”.
Dura crítica ésta última, y que podría aplicarse a la situación actual que vive la iglesia católica, con tantas contradicciones y cuestionables prácticas. Como menciono arriba, los sacerdotes pederastas le han dado un severo golpe en los años recientes. Pero no sólo eso, sino su riqueza, no precisamente espiritual, sino material, como si fuera una lucrativa corporación mundial, también opaca su “devota imagen”.
Finalmente, hay que decirlo, todas las religiones obtienen un beneficio económico de sus fieles. Pero la católica ha llegado a niveles chocantes de su lucrar con la fe.
Y ha sido, también, una de las más intolerantes y obscurantistas. Esos defectos de origen fueron los que acabaron con la vida, no sólo de Hipatia, sino de cientos de miles, cuyo único delito fue disentir del “evangelio cristiano”.



Recordando una tragedia con otra tragedia

Posted by Adán Salgado Andrade on miércoles, septiembre 20, 2017
Recordando una tragedia con otra tragedia
Por Adán Salgado Andrade

El escepticismo y hasta cinismo con que se conduce el capitalismo salvaje es pasmoso. El planeta se ha ido convirtiendo en una gran trampa mortal, gracias a la tendencia a depredarlo y a destruirlo, con tal de materializar el muy confortable estilo de vida occidental.
Revisemos todos los peligros con los que cotidianamente convivimos, sobre todo en las áreas urbanas, y nos daremos cuenta de la vulnerabilidad de vivir prácticamente al límite. Así, tanques de gasolina, de gas, cables eléctricos, auto-tanques de sustancias tóxicas, millones de autos, contaminación, basura, sobreexplotación de acuíferos… ¡y ciudades atiborradas de construcciones cada vez más altas!, dan cuenta de que en cualquier momento masivas desgracias ocurrirán.
Esas desgracias obviamente se agudizan cuando enfrentamos fenómenos naturales, como huracanes, tsunamis, lluvias torrenciales y, sobre todo, sismos.
Aquí, en los momentos en que escribo estas líneas, el 19 de septiembre de 2017, se habrían cumplido 32 años del trágico acontecimiento telúrico, ocurrido en 1985, que dejó miles de muertos y cientos de construcciones dañadas o colapsadas. La lección que, supuestamente habría dejado ese, hasta entonces, peor sismo experimentado por esta muy poblada ciudad de México, era que debía de evitarse la saturación poblacional que estamos viviendo, alentada por la voraz corrupción inmobiliaria, en contubernio con las mafias delegacionales y distritales en el poder. Sin embargo, pareció olvidarse esa funesta, hasta ahora, lejana fecha.
Y lo que sucedió, desde entonces, contrario a la lógica anti-sísmica, fue, de nueva cuenta, saturar a esta ya, de por sí, congestionada ciudad. No sólo con la construcción de altísimas construcciones en donde antes existían estacionamientos, baldíos o casas unifamiliares, sino con obras viales que permitieran el aumento indiscriminado del empleo del automóvil. En esta ciudad y su área conurbada, ya circulan a diario casi 10 millones de vehículos, la mayoría de combustión interna (ver: http://www.roshfrans.com/sabes-cuantos-autos-circulan-en-nuestro-pais/).
Tantísimo vehículo contribuye, además de a decenas de horas perdidas diariamente por el intenso tráfico (la velocidad promedio es de 4.5 km/hora), a la cada vez más aguda contaminación, un agravante extra a la, de por sí, mala calidad de vida que tenemos los habitantes de esta megalópolis.
Habrá que agregar, también, la naturaleza hidrológica del valle de México, una cuenca, que, lo hemos visto recientemente, cobró daños, pero, sobre todo, algunas víctimas, debido a las intensas lluvias abatidas recientemente que inundaron varias zonas, incluso a nivel catastrófico, como sucedió cerca de Xochimilco. Eso mostró que entre más gente haya viviendo en esta aglomeración urbana, los daños se incrementarán (ver: http://www.jornada.unam.mx/2017/09/06/sociedad/034n1soc).
Todo, consecuencia, pues, de la saturación del DF y área conurbada.
Y es en cuanto a los sismos, que, el del martes 19 de septiembre del año en curso (2017), de 7.1 grados, con epicentro en Morelos, muy cerca de la ciudad, ha mostrado lo que sucede cuando hacemos caso omiso o pretendemos olvidar la naturaleza telúrica de esta aglomerada ciudad. Hay que aclarar que fue 1.1 grados menor al ocurrido el pasado 7 de septiembre (que fue de 8.2 grados, con epicentro en las costas de Oaxaca), pero por la cercanía del epicentro, su intensidad fue mayor y, en consecuencia, los daños provocados.
Me resultó muy dramático un video en donde una mujer filmó el momento en que una construcción, aparentemente reciente, se colapsa íntegramente, cuando aún sonaba la alarma sísmica (en el link se puede ver la escena del edificio que está por colapsar, seguramente con gente dentro, a partir del segundo 0:44 https://www.youtube.com/watch?v=xHl4Npa0t6U).
Hay que aclarar que, esta vez, la alarma sísmica sonó unos segundos después de iniciado el terremoto, como muchos pudimos constatar (en mi caso particular, me hallaba impartiendo clases en la FES Aragón, al momento del temblor y, en efecto, la alarma sísmica se activó tardíamente).
Gran parte de las críticas a las pasadas, y actual, mafiosas administraciones de esta afectada ciudad, se han centrado en que por la corrupción, ha campeado la pésima planeación y su anárquica expansión. Esto ha permitido el crecimiento vertical de la ciudad de México, a niveles peores que los anteriores al año de 1985. Y la consecuencia de ese corrupto desorden es que actualmente abundan las construcciones altas o muy altas, de cinco pisos o muchos más. Varias de ellas se construyeron en lugares en los que antes existía una casa unifamiliar.
Refiriéndome, de nuevo, al mencionado video, otra muy probable causa del repentino colapso del edificio debe de haber sido una defectuosa y corrupta edificación, pues si no se cumplieron a cabalidad las normas actuales, entonces eso lo volvió vulnerable a los fuertes vaivenes y sacudidas del terremoto.
Por otro lado, hay que sumar que por la naturaleza heterogénea de los suelos en la ciudad de México, que van desde los muy fangosos, hasta los constituidos por sólidos estratos basálticos, la intensidad de las sacudidas y oscilaciones varía. Por ello, en algunos sitios se sentirán con más fuerza los efectos de un sismo.
Por si fuera poco, súmese la sobreexplotación de los acuíferos, la que provoca enormes oquedades subterráneas, que llevan al rápido hundimiento de la ciudad. Esos espacios huecos también incrementan los movimientos diferenciales de un sismo en ciertos lugares. Hasta el momento de escribir estas líneas, Protección Civil reportaba al menos 20 edificios colapsados, varios de ellos en la colonia Roma, en donde, justo, la corrupta voracidad inmobiliaria ha levantado decenas de nuevos edificios. Habrá que ver cuántos de los colapsados son recientes.
Por otro lado, la tan inflada alerta sísmica, demostró hoy, justamente, que no funcionó, pues, de haberlo hecho, quizá habría permitido algunas evacuaciones en las construcciones que se derrumbaron, como en la escuela Rebsamen, en donde siguen atrapadas muchas personas.
Esa “alerta” funciona solamente en los simulacros, los que son tomados por muchos a la ligera. Eso lo comprobamos hoy. Irónicamente, a dos horas del “simulacro” oficial de las once horas, para recordarnos que podíamos sufrir otro temblor de igual o mayor magnitud que el de 1985, quienes estuvimos en lugares públicos, como centros de trabajo o escuelas, pudimos constatar la inutilidad de tal medida. En mi caso particular, las escaleras de desalojo se saturaron y los estudiantes bajaron a duras penas, con riesgo de caer debido a las fuertes sacudidas. Muchos, como yo, preferimos permanecer junto a muros. De haber sido el sismo más intenso y haberse comenzado a colapsar las escaleras, los muertos habrían ascendido a decenas de cientos.
Muchos otros me dieron iguales testimonios sobre sus centros de trabajo, que sólo optaron por sostenerse de algo, a pesar de estar en altas construcciones, pues no les habría dado tiempo de desalojarlas, aún si la alerta hubiera sonado “a tiempo”.
No es, por tanto, la muy cuestionable alerta sísmica la solución a la sismicidad de la ciudad de México.
La solución es frenar los voraces intereses de las mafias políticas y empresariales que nos dominan. No permitir que impulsen una “planeación” solamente al servicio de sus mezquinos intereses, que están haciendo de esta ciudad un lugar cada vez más inhumano, lleno de peligrosas obras de todo tipo que en nada nos benefician. Esta ciudad está hecha para autos y megaconstrucciones.
Eso significa que debemos unirnos en todo momento, no sólo durante la adversidad.
Ni tampoco esperar a vernos afectados para reaccionar. En el temblor del pasado 7 de septiembre, como no hubo aquí daños de gravedad, mucha gente veía muy lejanas las tragedias que sí ocurrieron, y siguen, en Oaxaca y Chiapas. Ahora que experimentamos la destrucción cercanamente, es cuando reaccionamos. Dejemos de ser inmediatistas y desarrollemos una conciencia permanente y a largo plazo.
Sólo así será posible oponerse al capitalismo salvaje que todo lo vuelve una mercancía, hasta estas desafortunadas tragedias.
Por lo pronto, es de esperarse que este pasado sismo frene, por fin, cuestionables obras y desarrollos inmobiliarios los cuales, durante los terremotos por venir, se conviertan en peligrosos, masivos féretros.




Los corruptos finales de los mafiosos en el poder

Posted by Adán Salgado Andrade on jueves, septiembre 14, 2017
Los corruptos finales de los mafiosos en el poder
por Adán Salgado Andrade

En este país, como en el resto del mundo, dominan poderes fácticos que se comportan de manera similar a las organizaciones criminales y delictivas, muy al estilo de la Coalición Nacional del Crimen (National Crime Syndicate), encabezada por el gánster Lucky Luciano (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2014/08/la-estructura-mafiosa-de-los-poderes.html).
Destellando impunidad y corrupción, tales poderes fácticos presentan dos fases muy importantes para los capos que los ejercen.
Ésas son, primero, el principio de una “administración” (la llamaré así, por no referirme al nombre correcto, que sería la “inicial detentación mafiosa del poder adjudicado”) y, segundo, sobre todo, el final, gracias al así llamado “Año de Hidalgo”, la costumbre de los mafiosos en el poder de hacerse con lo que más se pueda de los dineros públicos, como sucede justo ahora, que tanto la represiva, corrupta administración de Miguel Ángel Mancera, así como las de varios “delegados” de las demarcaciones de la ciudad de México, llegan a su fin.
En efecto, al inicio de cada gestión, los privilegiados que se prenden al poder, no pueden estar más que emocionados, pues el gran negocio da inicio. Prebendas, altísimos salarios, impunidad, prepotencia, represión… todo da comienzo, prometiendo que cuatro o seis años, serán de puro enriquecimiento y gansteril, represiva actuación.
Los ciudadanos comunes, comenzamos, también, a estar en manos de los mezquinos, enriquecedores intereses de los hampones “políticos”, quienes en contubernio con las mafias empresariales, imponen proyectos, obras y leyes que, en ningún momento, buscan nuestro beneficio, sino solamente el de aquéllos amafiados grupos de poder.
Ejemplos de tal actuación, sobran, y las consecuencias sociales, también. Por ejemplo, considérese la imposición constructiva del “Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México”, que se está realizando en una zona no apta para su construcción. A pesar de que dictámenes de investigadores, técnicos y expertos han demostrado su inviabilidad, ya se está edificando. No importa que los suelos no sean adecuados, que se está haciendo en una zona de recuperación ecológica, que se afecten tierras agrícolas y demás problemas, la prepotencia de los poderes políticos y empresariales convocados queda por encima de cualquier interés social. Por si fuera poco, también se denuncia que su construcción está provocando problemas ecológicos en la zona, pues lodos tóxicos se están desechando en una barranca, con los consecuencias que eso pueda ocasionar, pues las barrancas son zonas naturales de desfogue de aguas durante periodos climáticos hidrológicos extremos, como lluvias torrenciales, huracanes o tormentas, como los recientemente enfrentados (ver: http://www.jornada.unam.mx/2017/09/13/estados/032n1est).
A diferencia de lo que Miguel Ángel Mancera pregona, de que su administración se ha preocupado por “dialogar” con los ciudadanos, los hechos demuestran una constante de represión e imposición de intereses que nada tienen que ver con una “participación ciudadana”.
Ha impuesto, en contra de la voluntad popular, obras que nada tienen siquiera que ver con los intereses de los vecinos que habitan alrededor de dichas obras. Ha construido líneas del ineficiente Metrobús en zonas en donde no se requería tal transporte, como quiere hacer ahora en Reforma, lo que requerirá la tala de cientos de árboles, además de alterar el valor histórico de tal avenida (ver: http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/a-pesar-de-oposicion-linea-del-metrobus-no-modificara-ruta-sobse.html).
Y Mancera no ha dudado en aplicar “mano dura” contra los grupos que insistan en participr en protestas.
 Justo en el 2016, participé en un movimiento vecinal para defender un área verde de la imposición de una costosa planta de bombeo. Ese proyecto nunca fue consultado a nosotros, los vecinos, y pretendió hacerse en un camellón de área verde, en donde se talarían decenas de árboles, como se ha caracterizado a la “administración” mancerista (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2016/11/activismo-movilizacion-social-y.html).
La construcción de tal cuestionable obra, fue impuesta mediante mera represión, en la que cientos de granaderos, golpeando y acosando a vecinos, aplicaron fuerza bruta y no razón, algo de lo que carecen los mafiosos en el poder.
La planta de bombeo, además de impuesta por la fuerza, fue también muy onerosa, pues según la información pública disponible, su costó ascendió a 250 millones de pesos.
El igualmente corrupto Sistema de Aguas de la Ciudad de México, SACMEX, justificó que evitaría inundaciones en la zona. Los recientes anegamientos en las zonas cercanas, como en el metro Oceanía y alrededores, demostraron la ineficacia de tal costosa obra (ver: http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2017/08/31/1185233).
Otro lamentable ejemplo es el Paso Exprés, obra corrupta y mal hecha, que apenas Peña Nieto inauguró en abril del presente año (2017), y muy pronto presentó sus defectos constructivos, los que alevosamente, se ocultaron, hasta que un socavón costó la vida a dos usuarios de la mortal vialidad. No sólo estuvo mal hecha, sino que ya se demostraron una serie de corruptas irregularidades que inflaron su costo al doble del originalmente presupuestado. Pero ni constructoras, ni “funcionarios” aceptan responsabilidad alguna. Al final, se culpan mutuamente. Es algo que hemos escuchado antes y que, por desgracia, tomamos tan “normal” (ver: http://www.jornada.unam.mx/2017/09/13/politica/004n1pol).
Tanto corrupto dispendio, por desgracia, se agudiza al final de las “administraciones”, pues es cuando la última posibilidad de enriquecerse se da. Justo eso es lo que, en mi caso concreto, el de mi familia y nuestro patrimonio, vivimos en este momento. Estoy seguro que es una problemática que mucha gente debería de compartir, pero que la pasividad con que se desempeñan la mayoría de los indolentes mexicanos, no permite una coordinada protesta y acción social (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/09/decadencia-neoliberal-automatas.html).
Como la corrupta administración de Israel Moreno está llegando a su fin, hay que gastar y justificar el presupuesto como se pueda, aunque sea haciendo improvisadas banquetas que no se necesitan. Así, el día 13 de septiembre del año en curso (2017), trabajadores de una supuesta empresa “constructora” al servicio de la delegación Venustiano Carranza, cuyo cargo es detentado por el mencionado Moreno Rivera, llegaron a destruir la banqueta que por tantos años había estado al frente de mi casa, infame acción que se llevó a cabo sin ninguna consulta previa hacia nosotros, los directamente afectados, además de que de ningún modo se justificaba tal destrucción, pues la banqueta en cuestión se hallaba en una condición aceptable.
Repito que tal obra fue sin nuestro consentimiento y la forma en que respondieron tanto las “autoridades”, así como los trabajadores y el “ingeniero” encargado, fue de total y abierta prepotencia. Esa banqueta la defendimos por años, pero, ahora, por fin, se salieron con la suya todos los amafiados que participan en tales lesivas, inútiles obras.
Es claro, como ya he dicho, que tales obras se conceden a empresas privadas que ven una buena oportunidad de realizar obras que no requieran tanta infraestructura, ni capital, pero que, al final, tanto para aquéllas, como para los gánsteres en el poder, dejen una buena ganancia o un buen diezmo, sobre todo este último, el puntal corrupto que sostiene a este país (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2010/11/de-corrupcion-y-diezmos.html).
Por otro lado, la forma tan rudimentaria de levantar las banquetas “malas”, se realiza a puro golpe de marro, afectando, por supuesto, la estabilidad estructural de las colindancias de las casas afectadas, como le hice ver a uno de los “gestores” responsables, quien reconoció que su obligación era la de habernos avisado si deseábamos el cambio de nuestra aceptable banqueta. Tampoco se tiene el más mínimo cuidado en cuidar las afectaciones que se hacen a los árboles que son dañados en sus raíces al remover de forma tan brutal a las banquetas. Muchos de tales árboles han caído, pues sus raíces fueron debilitadas con esas obras tan mal realizadas.
Y tampoco se prevén los daños físicos que los escombros removidos, apilados sin ningún cuidado, puedan ocasionar, tanto a los peatones, como a los habitantes de las casas afectadas. En anteriores “habilitaciones de banquetas”, como eufemísticamente llaman a tal injustificada destrucción de infraestructura urbana, me consta que muchas personas caían por caminar entre peligrosos escombros.
Por otro lado, pareciera que existe la sentencia de no cuidar árboles en colonias proletarias, como la Valentín Gómez Farías, la que habito, como hacen en zonas como Coyoacán, por ejemplo, en donde es claro que se veneran y valoran los viejos árboles existentes en varias calles, a los que, incluso, se les hacen guarniciones para protegerlos adecuadamente.
Así pues, el ciudadano común, como siempre, seguirá enfrentando una cadena de infamias y humillaciones toda su vida, las que se reforzarán, hasta que no se rebele y siga permitiendo que los mafiosos poderes fácticos lo traten como basura.
Y si nunca hace nada aquél por protestar, por denunciar, por salir del aletargamiento que se nos impone, los mafiosos que nos controlan seguirán haciendo de las suyas.
Los Israel Moreno o los Miguel Ángel Macera, se seguirán enriqueciendo con total impunidad, antes nuestras pasivas personas.
Me gustaría agregar que considero infame que si ahorita mismo hay urgencias, como ayudar a los damnificados de Oaxaca, a causa del pasado terremoto del 7 de septiembre, es verdaderamente deleznable que se gasten cientos de miles de pesos en cambiar banquetas que no requerían de hacerlo.
Pero para los mafiosos en el poder, todo sea por salir lo mejor librados y con los bolsillos bien llenos, que al fin para eso sirve meterse a la corrupta “política”.
Así que ¡despertemos, ya, y no permitamos tanta diaria impunidad!
Por último, enfatizo mi enérgica protesta contra Israel Moreno Valle y lo hago directamente responsable de cualquier daño que mi domicilio o mi familia puedan sufrir a causa de su corrupta imposición.





Los insalubres y hacinados ataúdes-dormitorio de Hong Kong

Posted by Adán Salgado Andrade on sábado, septiembre 02, 2017
Los insalubres y hacinados ataúdes-dormitorio de Hong Kong
por Adán Salgado Andrade

Recientemente el prestigiado periódico inglés The Guardian, publicó un reportaje del periodista Benjamin Haas, sobre las pésimas condiciones que viven miles de habitantes de bajos ingresos de Hong Kong, la ex colonia británica, a falta de un hogar propio en donde habitar. Una “solución” a la carencia de vivienda suficiente han sido los ataúdes-dormitorio (coffin homes), lugares en los cuales, un departamento es dividido en decenas de cabinas en las que sólo cabe una cama y algunas repisas colocadas en las paredes que confinan dicha “cama”, en donde el “huésped” puede colocar contadas pertenencias, como su ropa, una pantalla o lo poco que posea (ver: https://www.theguardian.com/world/2017/aug/29/hong-kong-coffin-homes-horror-my-week?utm_source=esp&utm_medium=Email&utm_campaign=GU+Today+main+NEW+H+categories&utm_term=241391&subid=21873428&CMP=EMCNEWEML6619I2).  
Para realmente experimentar cómo es la vida en esos sitios, Haas decidió él mismo vivir por una semana en uno llamado Lucky House, que, afirma, nada tiene de afortunada. Las cabinas están divididas con triplay, son calurosas, sin ventilación, y pueden escucharse todos los ruidos de las contiguas, así como respirar el humo del cigarro de los fumadores y otras inconveniencias.
Probablemente la situación de la escases de vivienda popular en Hong Kong sea su estatus actual, pues aunque ha dejado de ser una colonia inglesa y ya es, de nueva cuenta, territorio chino, conserva rasgos de su pasado capitalista inglés, digamos, pues China es todo, menos “socialista”, como pretende mostrarse. Ese país se ha abierto tanto al capitalismo salvaje que, incluso, está sufriendo ya los estragos de haberse convertido en la maquiladora más grande del mundo. Sus niveles de contaminación, de desigualdad, de desempleo, de anárquica industrialización, de inútiles megaproyectos (son famosas las ciudades fantasmas, llamadas así porque son pocos los habitantes que viven allí, dados los altos costos de los departamentos. Ver: http://www.dw.com/en/what-has-become-of-chinas-ghost-cities/a-36525007), entre muchos otros problemas, típicos de los países capitalistas con desigual desarrollo, muestran que China se dirige inexorablemente a un pronto colapso, como en el resto del planeta sucederá, sobre todo ecológico (ver: http://adansalgadoandrade.blogspot.mx/2013/09/china-autoritarismo-capitalismo-salvaje.html).
Así que la situación en Hong Kong se complica más por esa hibridación entre su pasado capitalista inglés, con su presente “socialismo-capitalismo” chino.
Y uno de los problemas de tal hibridación es la falta de vivienda popular, que, señala Haas, además de sumamente costosa, es muy burocrático obtenerla. Dice Haas: “Hong Kong es uno de los lugares en donde la vivienda es la más cara del mundo. La persona promedio necesitaría ahorrar más de 18 años de su salario, sin quitar impuestos, sin gastar en nada, con tal de hacerse de una casa. Casi uno de cada siete hongkoneses, actualmente vive en la pobreza, de acuerdo con el reporte más reciente, el más alto índice en seis años”.
Aunque, claro, el problema de la vivienda es mundial, sobre todo para las personas de  condiciones económicas más precarias. Y es irónico, pues siendo la vivienda una fundamental necesidad, cada vez es más difícil para un mayor número de personas, hacerse de un lugar decente para habitar. Aquí en México es también un grave problema. Si lo contemplamos tomando como base el salario mínimo vigente (una grosería, por supuesto), que es de miserables ochenta pesos diarios, considerando una vivienda que costara unos $250,000 pesos, a un obrero, que no gastara en otra cosa, le llevaría ocho años y casi siete meses adquirirla. Y aunque aquí existen dos organismos públicos para dar créditos destinados a vivienda, el FOVISSSTE y el INFONAVIT, aquéllos son muy onerosos y apenas cubren el costo de viviendas en retiradas zonas, a la periferia de las ciudades en donde se construyen, además de que muchas de esas unidades habitacionales, por ser producto de corrupción entre las mafias de poder local y las constructoras, no cuentan con los servicios públicos necesarios, además de que se trata de obras mal hechas, las que pronto comienzan a presentar problemas constructivos que las vuelven inhabitables e, incluso, riesgosas (ver: http://www.jornada.unam.mx/2007/11/05/index.php?section=capital&article=046n1cap).
Y la falta de vivienda para los niveles sociales más bajos en México, lleva también a problemas de hacinamiento y sobrecupo en los sitios para vivir de los que disponen, pero no llegando al nivel que se presenta en Hong Kong.
Haas acompaña el artículo con dramáticas fotografías, un video e imágenes en 360º que dan cuenta de lo que es vivir en esas ratoneras humanas.
Comenta que los ataúdes-dormitorio surgieron en los 1950’s, para acomodar a tanto trabajador chino que llegaba a la, en ese entonces, colonia inglesa, con tal de conseguir trabajo y mejorar sus condiciones de vida tan precaria que llevaban en sus lugares de origen.
Sin embargo, con lo que se hallaban, muchas veces resultaba más indigno de lo que iban huyendo, pues se trataba de “camas” colocadas sobre bases metálicas, y que estaban rodeadas de alambre para que sintieran cierta “individualidad”. Eran una especie de “gallineros” humanos, en donde lo que menos había era higiene y, mucho menos, una vida digna.
En la actualidad, esos hacinados dormitorios, describe Haas, son muy parecidos a los dormitorios que llevaban los trenes en los años 1950’s, que nada más tenían la cama para dormir y contaban con una puerta corrediza para conservar cierta “privacidad”. Miden 170 centímetros de largo, por 60 de ancho, o sea, que además de incómodos, están hechos para gente no alta. Haas tuvo problemas, pues mide 178 centímetros. Y deben de ser así, con tal de que quepan los más posibles en un departamento, como en el que estuvo Haas, pues se trata de uno de por sí chico, con tan sólo 46 metros cuadrados, en los que caben hasta 32 personas, colocadas en dos filas de 16 dormitorios cada una. Los dormitorios equivalen a un área de apenas 1.1 metros cuadrados. En la semana en la que estuvo habitando allí Haas, había 30 “huéspedes”, así que aún quedaba sitio para dos más.
Las condiciones de vida, obviamente, son terribles, pues, narra Haas, dan un sentimiento de claustrofobia, de lo encerrados que están, son calientes, sólo hay un baño común, cada quien se suple su comida, como puede, además de que las “camas”, que no son más que sucios colchones, tienen chinches, a las que, afirma el periodista, ya están acostumbrados los residentes, como algo que se tiene que soportar, el precio que se debe de pagar por estar allí. Se calcula que hay alrededor de 200 mil personas viviendo en esos sitios, y 18% de ellas son menores de 15 años, es decir, se trata incluso de familias enteras que viven en esas deleznables condiciones. Como señalé, además de caras las nuevas viviendas, es un gran problema burocrático obtenerlas. Actualmente, el tiempo promedio para hacerse de una casa proporcionada por el Estado, de interés social, es de cuatro años y ocho meses, un año más que en el 2016. Más de cien mil familias esperan con ansias hacerse de su hogar. Pero hay más personas en lista de espera, como las que viven solas, de más de 65 años, que deben de esperar ¡hasta diez años! No creo que sobrevivan tantos años para tener un hogar propio. Y no es porque la mafia en el poder local, no cuente con fondos, pues en el 2016, declaró haber alcanzado un superávit de $11,947 millones de dólares (mdd), además de que posee reservas por impuestos de $111,160 mdd, o sea, no está en bancarrota. A pesar de tanta riqueza, señala Haas que “Hong Kong se muestra como una de las ciudades más desiguales del planeta, detrás solo de Nueva York, y los más pobres ganan sólo $337 dólares mensuales, los que apenas si alcanzan para pagar un ataúd-dormitorio”. Es decir, las casas de interés social es lo que menos les importan a los corruptos mandamases de la ciudad, como al alcalde que acaba de dejar el cargo en junio, Leung Chun-ying, quien supuestamente trató de aplicar programas para bajar el costo de la vivienda pública. Pero los que no ven ningún problema son las inmobiliarias y los ricos inversionistas chinos, quienes están adquiriendo muchas viejas propiedades para hacer costosos proyectos, dirigidos a los ricos. Eso es algo que vemos en todos los países, como aquí, que lo que menos se construyen son casas o departamentos de interés social, pero abundan los dirigidos a sectores medios y altos, y que en la ciudad de México, ya hasta son un problema, de tantos que hay, pues las constructoras demuelen ilegalmente construcciones de valor histórico o desalojan violentamente a inquilinos de viejas construcciones que también son demolidas y en donde se construyen costosos departamentos, con la complicidad, obviamente, de la mafia en el poder local (ver: http://www.jornada.unam.mx/2015/12/22/capital/025n1cap).
De todos modos, y a pesar de ser tan demandados, tampoco son baratos los ataúdes-dormitorios, pues la renta mensual es de 2100 dólares hongkoneses, equivalentes a 4800 pesos, unos 160 pesos diarios, el doble del mínimo vigente, o sea, que un obrero mexicano no podría pagar ni ese feo sitio. Véase, de todos modos, la desproporción, pues aquí eso serviría para pagar una renta de un departamento o una casa en zonas populares.
Irónicamente, la Lucky House está muy cerca de los distritos financieros y comerciales de lujo de Hong Kong, además de que es considerada la “menos peor” de los ataúdes-dormitorios de la ciudad. ¡Vaya surrealismo!
Pero esas pocilgas son sólo para los que puedan pagar esas rentas, pues muchos, ni eso pueden. Haas desayunó en un McDonald’s. Pidió una malteada y cuando se fue a la zona adjunta de mesas para consumirla, resultó que todas estaban ocupadas por indigentes que las ocupan como dormitorios todos los días.
Algunos de los huéspedes pagan con su pensión, que cuando es así, no les alcanza para mucho más, así que deben de hallar formas de ganarse la vida para costear las otras necesidades vitales, como la comida, medicamentos o… sus vicios, ya que, como comprobó Haas, muchos inhalan ácidos, toman, y así. La mayoría son hombres maduros o de la tercera edad, que apenas si pueden pagar esas pocilgas, ya sea que tengan un subsidio público o que posean algo de ahorros. Por ejemplo, cita el caso de un hombre de 67 años, que es carpintero, quien no tiene trabajo, pues ya no lo contratan a su edad. Le platica a Haas que vivía en la calle, pero que hacía poco le habían robado todas sus cosas, por eso decidió con los pocos ahorros que tiene, suficientes para una renta, irse a vivir allí. “No sé a dónde me iré a vivir cuando finalice mi mes, no he encontrado trabajo, pues nadie contrata a un hombre viejo”, le cuenta en perfecto inglés. Haas aclara que las personas arriba de cincuenta años son las que vivieron durante la dominación inglesa, así que hablan muy buen inglés, mejor aún que los estudiantes que actualmente lo estudian. El hombre lo invita a su dormitorio en donde el reportero se da cuenta de cómo “alivia” su desgracia, fumando ácido en una pipa de cristal. Como en todos lados, las drogas, de momento, sirven como un distractor que hace que se olviden por instantes las desgracias.
Platica Haas que son muy amistosos todos los inquilinos. Uno de ellos, el Peleador, lo invitó a comer y le platicó que era miembro de una antigua triada, las organizaciones chinas mafiosas, que contrabandean drogas y gente. Vive allí porque se separó de su mujer, con la que tiene una hija de ocho años. El Pelador tiene 37 años y es el único “gordo”, dice Haas, de los inquilinos, flacos la mayoría por las frugales y escasas comidas que ingieren. Aquél gusta de andar descubierto del torso, luciendo su protuberante abdomen.
Y, sorprendentemente, el sitio emplea a un portero, quien se encarga de hacer algo de limpieza y ayuda a quemar el incienso de los huéspedes, destinado a pedir  a la Diosa de la Tierra, que los ayude a tener fortuna y riqueza, pero, al parecer, señala Haas, hasta ese momento no les ha concedido el milagro. El portero afirma que toda su vida ha vivido en ese sitio, no recuerda haber estado en otro, y le dice que tiene más de 60 años, pues ni su edad exacta recuerda. Sufre de muchas enfermedades y cojea, pues tuvo un accidente, por lo que emplea un bastón. “Aquí estaré, pues ya en ningún sitio puedo encontrar trabajo”, dice, resignado.
Pero a pesar de las insalubres condiciones que se viven en esas pocilgas, todavía hay negocios que emplean ese modelo oportunistamente, para crear “singulares centros turísticos para vivir la vida tradicional de los ataúdes-dormitorios en Hong Kong, dirigidos a turistas”. Uno de ellos, el WM Hostel, se anuncia en su sitio de Internet, como “auténticamente HK”, o sea, que el turista que se hospede allí, experimentará lo que es vivir en un sito “tradicional” de Hong Kong. Pero, véase nada más, esos lugares existen por una gran necesidad de contar con una vivienda, no porque se trate de una “folclórica tradición”. Es como si en el Distrito Federal se ofreciera vivir en la calle, porque fuera “tradicional”, siendo que es una característica de las personas en condición de calle.
De todos modos, el WV Hostel, no es tan apegado a la “tradición”, pues sus dormitorios son limpios, no enclaustrados con triplay, sino rodeados de rejas metálicas, además de que cuentan con baños bien aseados, buena luz y todo. De hecho, en los comentarios ofrecidos por huéspedes que han estado allí, lo califican como una “muy grata experiencia, muy recomendable”. En pesos mexicanos, el sitio señala que el costo mensual es de $15137, equivalente a una renta de un departamento de medio lujo en la ciudad de México. Nada barato, como se aprecia.
Y tampoco es una experiencia “auténticamente Hong Kong”, como la que vivió Haas en la Lucky House, la que, por desgracia, es la única alternativa de vida para miles de necesitados hongkoneses.



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